Lo que en los manuales de gestión llaman gobernanza o sistemas de organización horizontal, para nosotras en El Enjambre sin Reina no es más que nuestra manera de cuidarnos, escucharnos y sostenernos en el día a día. Porque si queremos transformar el mundo hacia fuera, primero tenemos que tejer muy bien el nido por dentro.
Hoy queremos abrir las puertas de nuestra casa y contaros cómo nos organizamos, la dinámica de nuestras reuniones, los roles que hemos ido definiendo y la historia de nuestras tradiciones.
Un diccionario propio: El valor de los palabros
A lo largo de los años hemos creado un universo cotidiano que nos hace sentir en familia. Para nosotras no son meras herramientas de trabajo; son símbolos de cómo entendemos la autogestión:
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El BOESR (Boletín Oficial del Enjambre sin Reina): Son las actas de nuestras reuniones de toda la vida. Rellenar el BOESR es nuestra forma para no perder el hilo de lo acordado y mantener la memoria viva del grupo.
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Los Enjandrantes: Son los cuadrantes de trabajo donde nos distribuimos proyectos, tareas y responsabilidades a varios meses vista. Organizarse de forma asamblearia no significa improvisar, sino planificar colectivamente. Un clásico es que después de horas hablando y debatiendo para hacer encajes de bolillo y que todo el mundo quede repartido intentando tener en cuenta las preferencias y gustos de cada cual, los trabajos existentes, las nóminas disponibles, etc., a las pocas horas o días nos cae una "bomba", es decir un proyecto, contrato o cualquier historia que nos desbarata todo el Enjandrante y tenemos que volver a reestructurar todo.
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Fronchear: El verbo fronchear viene del sustantivo "froncheo". Significa la búsqueda activa de fondos, subvenciones, financiaciones y colaboraciones. No es la mera presentación de proyectos, significa hacer redes, ir a eventos, buscar y mantener contactos. Tener una actitud activa y constante hacia fuera, para mantener vivo al Enjambre, asegurarnos que entren cosas para rellenar esos enjandrantes.
Del día a día a lo operativo: La tipología de nuestras reuniones
En El Enjambre no todas las conversaciones requieren la misma energía ni la misma estructura. Con el tiempo hemos aprendido a categorizar nuestros encuentros según su objetivo y urgencia:
1. Las reuniones de pie (15 minutos con cronómetro)
Intentamos realizarlas una vez a la semana. Son reuniones ágiles, de pie, donde cada persona del equipo dispone de exactamente tres minutos (cronómetro en mano) para compartir lo que considere necesario. No son para debatir extensamente, sino para "elevar a la conciencia del grupo" aquellas cuestiones clave en las que estamos inmersas, preocupaciones breves o avisos importantes. Confesamos que no todas las semanas las hacemos, hay épocas que es más difícil.
2. Las Reuniones Enjambriles: El motor operativo
Son nuestras reuniones al uso, las más enfocadas en el día a día ejecutivo. Aunque intentamos estar todas, a veces las dinámicas y necesidades de los proyectos hacen que falte alguien. Tienen siempre una hora de inicio y de finalización acordada de antemano.
En estas reuniones se toma acta en el BOESR correspondiente y la dinámica sigue una lógica muy clara:
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Lectura del BOESR anterior: Para comprobar acuerdos tomados, tareas pendientes y "puntos que se arrastran".
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Priorización del orden del día: Como la cantidad de puntos puede ser infinita, seleccionamos los temas por urgencia o importancia (o a veces apetencia).
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Derivación de temas: Si detectamos que un punto requiere la presencia indispensable de todo el grupo o una reflexión más reposada, no lo forzamos; lo derivamos a reuniones más generales o al siguiente encuentro enjambril.
Antes empezábamos la reuniones con un "cómo estamos". Poco a poco lo dejamos de hacer, pasando por fórmulas intermedias donde en vez de explicar "cómo estamos" decíamos simplemente un color para mostrar nuestro estado. A día de hoy, los "cómo estamos" lo hemos dejado para los Encuentros Enjambriles.
3. Encuentos Enjambiles: parar el mundo para encontrarnos
Más allá de la gestión semanal y operativa, desde los comienzos del colectivo supimos que necesitábamos espacios más amplios para abordar los temas filosofales: debates de fondo, rumbo estratégico y convivencia pura. Así nacieron nuestros Encuentros Enjambriles.
Nuestra forma de vivirlos ha sido un fiel reflejo de las distintas etapas del equipo:
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En los inicios: Nos encerrábamos un fin de semana entero en el campo, playa o lugar que nos acogiera a todos/as. Eran jornadas intensas de trabajo, reflexión, debates infinitos y, por supuesto, cenas, risas y sobremesas compartidas hasta las tantas.
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Llegó la crianza: El enjambre creció y se llenó de peques. La logística cambió y aprendimos a flexibilizar. Nos adaptamos a fórmulas mixtas en la ciudad, permitiendo conciliar, trabajar juntas durante el día y que cada cual pudiera volver a su casa a dormir. Conciliación adaptada a las vidas de cada una/o.
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El reencuentro actual: Con el tiempo, la peques han ido creciendo y las dinámicas familiares han cambiado. Este año hemos vuelto a recuperar esos fines de semana fuera de la ciudad, que tan súper bien nos sientan y nos nutren.

Volver a retirarnos unos días para mirarnos a los ojos, debatir sin prisa y compartir vida ha sido un soplo de aire fresco. Nos recarga de energía y nos devuelve a la rutina con los enjandrantes actualizados, el BOESR lleno de nuevas ideas y, sobre todo, el compromiso colectivo renovado.
Gobernar es cuidar.
Los encuentros enjambriles no son siempre igual, pero hay partes típicas presentes en casi todos:
- Los "cómo estamos": donde compartimos con el grupo nuestro momento vital actual. Es importante llevárselo preparado con antelación, y si es posible escrito, para que cada cual tenga su momento de reflexión personal e introspección, se sienta y piense qué quiere compartir con el grupo, porque sino en el momento te dejas llevar por la energía del grupo y vas "copiando" los cómo estamos de los demás.
- Estados de las cuentas: el equipo cuentas lleva preparado un estado actual de las arcas del Enjambre, proyectos o facturas que nos quedan por cobrar, gastos futuros que tenemos que afrontar... Así todo el equipo es consciente de la salud financiera del grupo y de la necesidad más o menos acuciante de buscar más financiación. Esto lo solemos hacer antes de mirar los Enjandrante, para afrontarlos con una u otra visión.
- Repaso de Enjandrante: Mirar los siguientes meses vistas del colectivo.
- Temas filosofales u operativos que necesitan consenso: siempre tenemos cosas que han ido saliendo en las reuniones y que necesitaban más tiempo y espacio para debatir y escucharnos todos. De los Encuentros Enjambriles podemos salir con una nueva línea de trabajo, cambio en nuestras condicones laborales, o quién sabe qué sorpresa.
4. Momentos de ocio: los famosos team building
En El Enjambre no solo estamos las personas del núcleo duro; con frecuencia el equipo se nutre con colaboradoras, personas que se incorporan para proyectos específicos o trabajos puntuales. Para nosotras es fundamental que quien pase por el colectivo se sienta parte del espacio.
Por eso nos reservamos momentos para comer o cenar todas juntas, con dos citas ineludibles al año: la comida de verano y la de Navidad. Alrededor de una mesa las tareas se pausan y las relaciones se fortalecen.

Hacer flotar el barco: La figura de coordinación
A lo largo de nuestra historia, las tareas transversales (relación con gestoría, contabilidad, mantenimiento informático/ofinático -no imagináis los dolores de cabeza que nos da esto-, gestiones administrativas o el propio orden de las reuniones) han pasado por muchas fórmulas: repartos individuales, comisiones temáticas, rotaciones periódicas...
Tras muchos ensayos y aprendizajes, hemos comprobado que para que el barco siga a flote necesitábamos consolidar la figura de Coordinación. Esta función engloba todas las tareas no vinculadas a un proyecto concreto pero indispensables para la supervivencia del colectivo.
Para garantizar la equidad y evitar estructuras rígidas, la coordinación no se concibe como una jerarquía, sino como un rol más. En los enjandrantes la imputamos y repartimos exactamente igual que si fuera un proyecto de ejecución. Entre sus cometidos principales está, además, la preparación previa de los contenidos y estructuras de las reuniones enjambriles.
Organizarse de forma horizontal, asamblearia y autogestionada no consiste únicamente en rellenar plantillas o cumplir cuadrantes. Consiste en aprender a convivir, a escuchar los ritmos de cada persona y a sostenernos en las distintas etapas de la vida.