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Esta es la historia de una etapa muy importante en el Enjambre sin Reina, donde además de nuestra labor educativa, teníamos las manos en contacto con la tierra permanentemente y nos embarcamos en un proyecto productivo muy revolucionario. Hoy en día es más común hablar de grupos de consumo y hay, afortunadamente, cada vez más proyectos en esta línea. Cuando nos enfrentamos a esto, éramos más jóvenes, y entonces en Sevilla no estábamos acostumbrados/as a este tipo de historia, nos faltaban referentes.
Esto sigue teniendo cabida en nuestro espacio web, porque no se entendería lo que somos hoy en día, sin nuestro paso por un proyecto de producción agroecológica. Así lo contábamos:
Hemos creado un proyecto de conversión a ecológico y venta directa a grupos de consumo, basado en un acuerdo local y solidario entre la parte productora y consumidora. Es una iniciativa que funciona de puente entre el campo y la ciudad, conectando grupos de producción y consumo en novedosas formas sociales.
Desde El Enjambre sin Reina, tras entrar en contacto con diferentes experiencias de agricultura de cercanía en Sevilla, empezamos a desarrollar proyectos, dentro del marco de la educación ambiental para el decrecimiento, relacionados con la agricultura urbana. Así se inició un proceso que desembocó en la realización práctica de esta iniciativa agroecológica, transformando una pequeña huerta familiar tradicional en un canal corto de comercialización basado en la venta directa a grupos de consumo.
Esta es la historia de un proceso, todavía en construcción, que nos habla de la capacidad de cambios personales, de cómo intervenir en nuestro entorno, de construir una economía sostenible, de dignificar trabajos tradicionalmente desvalorados, de lucha por la soberanía alimentaria, en definitiva, de un modelo agroecológico que tiene en cuenta tanto al medio en que se trabaja como a las personas involucradas. Un proceso que lo consideramos un proyecto de Educación Ambiental para el Decrecimiento.
Decidimos poner todo nuestro foco y energía en nuestros proyectos educativos, y en el Mercao Social La Rendija. Como amor, pena y orgullo, decimos adiós (o hasta luego) a nuestra etapa productiva